Este mismo polvo
que alguna vez agreste fue
contra mi rostro
dibuja una cabriola a media calle
Polvo ligero
no distingue entre
asfalto
gato
o parabrisas
Ni piel
ni ceniza
como silencio al agua
el viento hala riendas invisibles
Inmóvil yo
—acurrucado en la ventana
que vio mejores días
con brisa o tu llegada—
cuenta los hilos de polvo
enredados en la cerca y otro gato
ahora negro
juguetea con una bolsa
que nada
sobre la nada

Viento que corre impetuoso a dibujar cabriolas extrañas.
Gatos, testigos del estambre de polvo que tejió historias mejores.
Sí, hay cosas que nunca cambian.
Si… alguien me dijo que le faltaban líneas al poema.
Pues aquí el polvo,
los árboles que suenan,
el viento que ulula.
Y las voces de todos lados,
de ningún lado.
Llegan, estropean todo y se van.