Escribo mucho sobre la escritura. Reflexiono sobre ella cada que me encuentro en una encrucijada de vida. Cada que despierto. Cada que leo algo mal escrito en la calle.
La escritura va y viene, en mi vida, como las tormentas de arena. Opacas, impávidas, fuertes. Las letras no son musa de nadie, ni sujeto de nada. Son difíciles de domar. Cada que me alejo de ellas por un tiempo, me cuesta trabajo retomarlas. Nada sencillo. Nada.
Ahora mismo trabajo en la reedición de Pecados Cafetales. Una versión definitiva. Necesito sacarla de mi sistema para continuar con el siguiente libro de poemas.
Sucede que los libros me persiguen como círculos abiertos: necesito cerrarlos. Cerrar este y abrir otros.
Nada pasa, pues, simplemente quiero decir que sigo, sigo, sigo… a veces sin mucho rumbo editorial ni literario. Paso por un bache de letras que no tiene fin, sin embargo no me rindo. Sigo, sigo, sigo… y espero sorprenderlos este año con algo nuevo.
Gracias por leerme.

será que entre las travesías escribir es lo que a uno le salva?
Ojalá nos salve eso, u otra cosa.
Escribir así puede ser como las maravillas que te encuentras cuando vas de camino a algùn lugar, tienes una meta fija, pero sin esas maravillas, el final no sabe.
El final nunca se sabe.
Pues, gracias por escribir.
Tal vez haga un post que se llame “leer”.
Gracias a ti.
Las letras se revelan, se escabullen, se esconden. Por eso son adictivas e inciertas, hay que atraparlas y redistribuirlas aún contra ellas mismas. En eso tu tienes experiencia, así que no te preocupes. Letras sobre letras
También podemos huir lejos de ellas.